Las cartas de amor de Napoleón Bonaparte - Meraki Plan
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Las cartas de amor de Napoleón Bonaparte

El matrimonio entre Napoleón Bonaparte y Josephine de Beauharnais debería haber sido de conveniencia (algo habitual en aquellos tiempos) pero, algo salió mal: el novio se enamoró perdidamente de su esposa.

 

Prueba de ello son las cartas de amor de Napoleón Bonaparte a su amada Josephine.

cartas de amor de napoleón
Napoléon y Josefina, de Harld. H. Piffard.

CARTAS DE AMOR DE NAPOLEÓN

El post que más visitas recibe en la web desde que lo escribí es el de las Cartas de amor que Ludwig van Beethoven escribió a su ‘amada inmortal’.

La idea de escribir sobre ellas nació de una escena muy famosa (y que seguro que muchas conocéis) de la célebre serie ‘Sexo en Nueva York’. En mi primer viaje a la ciudad que nunca duerme, conseguí un ejemplar del libro que Carrie estaba leyendo y que había alquilado en la Biblioteca pública de NY.

Esta es la escena:

En el post os cuento mi sorpresa al descubrir que ese libro verdaderamente no existía cuando lo popularizó la serie. La realidad es que se publicó tras la gran demanda que tuvo por parte de los fans.

El libro, titulado ‘Love Letters of Great Men’, recoge las cartas de amor de hombres ilustres como Ludwig van Beethoven, Napoleón Bonaparte, Victor Hugo, Charles Darwin, Flaubert y Oscar Wilde, entre otros muchos.

Hace poco volví a releer algunas cartas del libro y mi curiosidad me llevó hasta profundizar un poquito más en la historia de amor de Napoleón Bonaparte. Fue de este modo como di con el libro de Ángeles Caso: ‘Napoleón y Josefina. Cartas, en el amor y en la guerra’ gracias al que he podido ampliar su historia.

Esta vez no solo os voy a transcribir algunas de las cartas de amor de Napoleón a su querida Josephine, sino os pondré en contexto para que entendáis en qué momento se desarrolló su amor y cómo fue evolucionando y decayendo con los años.

Esto último lo veréis claramente en la selección que he hecho de las despedidas que Bonaparte le dedicaba a su amada en sus cartas.

NAPOLEÓN Y JOSEPHINE

Napoleón Bonaparte, el humilde soldado de Córcega que llegó a ser un gran general y Emperador de Francia, se casó con Josephine de Beauharnais en marzo de 1796 en una sencilla ceremonia civil en el Ayto. de París.

Josephine era una viuda aristócrata seis años mayor que él y que tenía dos niños.

El matrimonio entre Napoleón y Josephine debería haber sido de conveniencia pero, algo salió mal: el novio (de 27 años) se enamoró perdidamente de su esposa.

las cartas de amor de napoleon bonaparte
Josefina en Mailmaison, Francois Gerard, 1799.

SU HISTORIA DE AMOR

Después de la boda, solo pudieron pasar dos noches juntos, Napoleón tenía que partir al frente. Las numerosas victorias en el campo de batalla hicieron que Napoleón ganara reconocimiento y que Josephine, mientras tanto, gozara de la libertad de una vida en París llena de fiestas y grandes lujos.

Como a tantas mujeres de su tiempo, la fidelidad a su esposo no era algo que le preocupara y, aunque Napoléon empezó a sospechar de ella, no fue hasta dos años más tarde cuando la brecha que había entre ellos se hizo notoria.

Durante los trece años que duró su matrimonio, la cantidad de cartas de amor escritas entre Napoleón Bonaparte y Josephine fue grandiosa. Especialmente las que él le envió a su esposa que era mucho más ‘perezosa’ a la hora de dar noticias.

La mayor parte de esa correspondencia se ha perdido y solo se conservan cinco cartas de las enviadas por Josephine a Bonaparte y doscientas sesenta y cinco de Bonaparte a Josephine.

SU DESAMOR

«Despedida de Napoleón a Josefina»
«Despedida de Napoleón a Josefina» de Laslet John Pott

Con el paso de los años la intensidad del amor de Bonaparte a su amada fue decayendo. Las mentiras de su esposa e infidelidad le hicieron sentirse autorizado a comportarse como un marido común de la época, de los que solían gozar de amantes.

El prestigio de Napoleón crecía al mismo ritmo que lo hacían sus logros y decidió seguir con su matrimonio. Un matrimonio lleno de altibajos cada vez que él conocía o se encaprichaba de alguna mujer.

Josephine, que entonces sí le era fiel, empezó a sentir los celos y el miedo a que la dejara. Solo el nacimiento de un heredero le haría estar unida ‘indisolublemente’ a él pero, ese momento no llegó nunca.

Aquel hombre que suspiraba por ella y que tanto la amaba en sus primeros años de matrimonio, ahora quería mantenerla lejos de él.

La cuestión del divorcio se hizo patente cuando Napoleón supo que una de sus amantes estaba embarazada. Garantizar la continuidad de la dinastía era necesario y había llegado a la conclusión de que un segundo matrimonio bien planeado supondría todo lo que él había deseado.

Y así fue como preparó todo. En enero de 1810, tras divorciarse de Josephine, Napoleón se comprometió con una joven princesa austríaca de tan solo 19 años. Un año más tarde nacería su tan ansiado heredero.

Josephine y Napoleón continuaron escribiéndose cartas hasta la muerte de ella en 1814 y a pesar de todo, mantuvieron una buena relación.

'Napoleón y la Emperatriz Josephine'
De la película ‘Napoleón y la Emperatriz Josephine’ en 1909

Cartas de amor de Napoleón

 30 de Marzo de 1796

«No he pasado ni un solo día sin amarte; no he pasado ni una sola noche sin estrecharte entre mis brazos; no he toma do ni una taza de té sin maldecir la gloria y la ambición que me mantienen alejado del alma de mi vida.

En medio de las reuniones, a la cabeza de mis tropas, mientras recorro los campos, sólo mi adorable Josefina está en mi corazón, ocupa mi mente, absorbe mi pensamiento.

Si me alejo de ti con la velocidad del torrente del Ródano, es para volver a verte más pronto. Si en medio de la noche me levanto para trabajar, es porque eso puede adelantar algunos días la llegada de mi dulce amiga.

Y sin embargo, en tu carta del 23 al 26 de ventoso, me tratas de vos. ¡Tú, de vos!

¡Ah!, malvada, ¡cómo has podido escribir esa carta! ¡Qué fría es! Y además, del 23 al 26 hay cuatro días; ¿qué estuviste haciendo, por qué no escribiste a tu marido?…

¡Ah!, amiga mía, ese vos y esos cuatro días me hacen añorar mi antigua indiferencia. ¡Malhadado quien quiera que sea el culpable! ¡Ojalá, por medio de la condena y del suplicio, llegue a sentir lo que la convicción y la evidencia, puestas a mi servicio, me hacen sentir a mí! ¡No hay suplicio semejante en el Infierno! ¡Ni las Furias poseen tales serpientes! ¡Vos! ¡Vos! ¡Ah! ¿Qué sucederá dentro de quince días?…

Mi alma está triste; mi corazón se siente esclavo, y mi propia imaginación me aterra… Tú me quieres menos, y eso te consolará. Un día, ya no me querrás; dímelo; al menos, sabré merecer la desdicha…

Adiós, mujer, tormento, felicidad, esperanza y alma de mi vida, a la que amo, a la que temo, que me inspira sentimientos tiernos que me atraen a la Naturaleza, y movimientos impetuosos tan volcánicos como el trueno.

No te pido ni amor eterno ni fidelidad; sólo… la verdad, una franqueza sin límites. El día en que digas «te quiero menos», será el último de mi amor o el último de mi vida.

Si mi corazón fuese lo bastante vil como para amar sin recibir nada a cambio, me lo desgarraría con los dientes.

¡Josefina, Josefina! Recuerda lo que a veces te he dicho: la Naturaleza me ha dado un alma fuerte y decidida. A ti te ha hecho de encaje y de gasa. ¿Has dejado de amarme?

Perdón, alma de mi vida, mi alma está preocupada por mil vastos planes. Mi corazón, enteramente ocupado por ti, siente temores que me hacen ser desdichado… Estoy harto de no poder decir tu nombre. Espero que me escribas.

¡Adiós! ¡Ah!, si me quieres menos, es porque nunca me has amado. Entonces seré digno de lástima.

Bonaparte

P.D.: Este año la guerra es completamente diferente. He hecho repartir carne, pan, forraje; mi caballería armada pronto estará en marcha. Mis soldados me demuestran una confianza indescriptible; sólo tú me causas pena; sólo tú, placer y tormento de mi vida. Un beso a tus hijos, de los que no me hablas. ¡Caramba! Eso alargaría tus cartas el doble. Y los visitantes no tendrían el placer de verte a las diez de la mañana. ¡¡¡Mujer!!! «

– 23 de Noviembre de 1796

«Ya no te quiero; más bien te detesto. Eres mala, torpe, boba y sucia. No me escribes, no quieres a tu marido; sabes el placer que le producen tus cartas, ¡y no le escribes ni siquiera seis líneas deprisa y corriendo!

¿Qué hacéis durante todo el día, señora? ¿Qué asunto tan importante os roba el tiempo para escribir a vuestro amante? ¿Qué afecto ahoga y deja a un lado el amor, el tierno y constante amor que le habíais prometido? ¿Quién puede ser ese nuevo amante portentoso que os absorbe cada instante, tiraniza vuestros días y os impide ocuparos de vuestro marido?

Josefina, tened cuidado: cualquier noche tiro las puertas abajo y me presento ahí.

En realidad, estoy preocupado, mi buena amiga, por no recibir noticias tuyas; escríbeme pronto cuatro hojas, repletas de esas cosas preciosas que llenan mi corazón de sentimientos y de placer.

Espero poder estrecharte pronto entre mis brazos, y te cubriré con un millón de besos ardientes como el ecuador.

Bonaparte»

– 27 de Noviembre de 1796

«Llego a Milán, corro a tus aposentos, lo he abandonado todo para verte, estrecharte en mis brazos… No estabas aquí: vas de ciudad en ciudad con tus fiestas; te alejas de mí cuando yo estoy llegando.

Ya no te preocupas por tu querido Napoleón. Te llevó a amarlo un capricho, la inconstancia te lo ha vuelto indiferente. Acostumbrado a los peligros, conozco el remedio para las dificultades y los males de la vida. La desdicha que siento es incalculable; tenía derecho a creer que nunca me sucedería algo así.

Estaré aquí hasta el día 9 por la mañana. No te molestes; frecuenta el placer; la felicidad ha sido hecha para ti. El mundo entero es afortunado si puede complacerte, y sólo tu marido es muy, muy desdichado.

Bonaparte»

Las despedidas de las cartas de amor

Como he comentado al principio del post, es en las despedidas de las cartas de Napoleón a Josephine donde se advierte la pérdida del interés y del amor del Emperador hacia su esposa.

Por eso, he seleccionado algunas de esas despedidas escritas a lo largo de los años de su matrimonio.

[1795] “Te vas al mediodía, te veré dentro de tres horas. Entretanto, mio dolce amor, recibe mil besos, pero no me des ninguno, pues queman mi sangre”.

[1796] “Y tú, mio dolce amor, ¿has descansado bien? ¿Has pensado en mí al menos un par de veces? Te doy tres besos: uno en el corazón, uno en la boca, uno en los ojos”.

[1796]Un beso en el corazón, y luego un poco más abajo, ¡mucho más abajo!”

[1796] “Adiós, bella amiga, piensa de vez en cuando en quien piensa sin cesar en ti”.

[1796] “Te doy mil besos. Me encuentro muy bien. Sólo hemos tenido 10 hombres muertos y 100 heridos”.

[1796]¿Qué estás haciendo ahora mismo? Duermes, ¿no es cierto?, y yo no estoy ahí para respirar tu aliento, contemplar tus gracias y molestarte con mis caricias. Lejos de ti las noches son largas, insulsas y tristes. A tu lado, en cambio, lamento que no sea siempre de noche.  Adiós, bella y buena, incomparable, divina. Mil besos amorosos, por todas partes, por todas partes”.

[1796] “Tus cartas son frías; el calor de tu corazón no es para mí. ¡Pues claro! Yo soy el marido. El amante debe ser otro. Hay que ser como todo el mundo. ¡Desdichado el que se presente ante mí con el título de ser amado por ti!… Mira, ya estoy celoso. ¡Dios mío! ¡No sé lo que soy! Pero lo que sí sé es que, sin ti, no hay ni felicidad, ni vida… Sin ti, ¿me oyes? Sin ti entera. Si hay un sentimiento en tu corazón que no sea mío, uno solo que yo no pueda conocer, mi vida estará envenenada; y el estoicismo será mi único refugio. Dime que… Ámame, recibe mil besos de la imaginación y todos los sentimientos del amor… “

[1797] “Amiga mía, te lo suplico, piensa a menudo en mí, y escríbeme a diario. ¿Estás enferma o es que ya no me amas? ¿Crees que mi corazón es de mármol? ¿Tan poco te interesan mis penas? ¡Qué mal me conoces! No puedo creer- lo. ¡Tú, a quien la naturaleza ha dado ingenio, dulzura y belleza, tú, la única capaz de reinar en mi corazón, tú que conoces sin duda demasiado bien el poder absoluto que tienes sobre mí!

Escríbeme, piensa en mí y ámame. Todo tuyo para toda la vida”.

El final de su amor

Con los años, sus cartas eran más breves, el espacio de tiempo entre una y otra era más largo y las despedidas eran menos efusivas.  En las cartas que se conservan de 1800 en adelante Napoleón se limitaba a despedirse con un ‘te quiero’, ‘te beso’, ‘todo tuyo’ o ‘recuerdos cariñosos’.

La despedida más frecuente era ‘Adiós, amiga mía; mil recuerdos cariñosos’ hasta el fallecimiento de Josephine en 1814.

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¿Te has quedado con ganas de más? Lee nuestro post sobre: ¿Qué es el amor?

¡Un Meraki-Beso!

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